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Tras el discurso de odio en las redes sociales

La Asociación por los Derechos Civiles (ADC)  publicó recientemente el informe “Más que palabras: buscando consensos para caracterizar el discurso de odio” que destaca la importancia de construir líneas definidas para identificar los discursos de odio que lastiman la dignidad y producen violaciones a derechos humanos, les compartimos detalles del informe.

El informe destaca como múltiples organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) advierten la escalada regional de los discursos de odio e instan a los Estados a implementar medidas para su prevención y sanción. A su vez, resaltan que el fenómeno debe ser regulado con la suficiente especificidad para delimitar su interpretación y evitar avasallamientos contra la libertad de expresión. El problema radica en que discurso de odio es un concepto indeterminado, por lo tanto, alcanzar un consenso acerca de su definición es dificultoso y crea controversias.

En el caso del discurso de odio en internet, la complejidad se intensifica. El rol de las plataformas -en particular las redes sociales -debe ser considerado con seriedad, ya que sus políticas de moderación de contenidos
son las que determinan cuáles son los discursos que serán sancionados y cuáles no en sus espacios. Por otro lado, el modelo de negocio de las plataformas suele verse favorecido por la viralización de contenido de este
estilo, ya que son muy eficaces para mantener la atención de las personas y de esta manera, lograr que sigan permaneciendo en sus redes.

Es ampliamente reconocido que la libertad de expresión no ampara al discurso de odio. Sin embargo, el discurso ofensivo, chocante o perturbador se encuentra protegido, aunque pueda generar malestar en los receptores.
El principal desafío consiste en poder distinguir entre ambos casos sin caer en una extrema subjetividad que conduzca a resultados inconsistentes.  En el ámbito en línea, estas decisiones son llevadas a cabo por las plataformas en su labor de moderación de contenido. Estas evaluaciones privadas son objeto de discusión porque remueven más contenido del necesario o porque dejan en sus redes más contenido del que hace falta remover. La sensibilidad de esta cuestión debería bastar para que las plataformas se esfuercen por dotar de mayor legitimidad y transparencia a los procesos por los cuales se toman esas decisiones.

La tensión cada vez mayor entre el discurso de odio y el derecho a la igualdad y no discriminación, particularmente en el ámbito digital, incrementa la deuda social con las poblaciones en mayor situación de vulnerabilidad para recibir ataques y agresiones. De este modo, se pone al descubierto la necesidad de su inmediato estudio. Creemos que uno de los caminos más fructíferos para superar dicha tensión es definir, de forma colectiva, el concepto. Bajo esta premisa, debemos considerar la mayor cantidad de perspectivas posibles y escuchar a todos los sectores interesados, aunque finalmente no lleguemos a un consenso. Por diversos motivos, las personas podemos estar razonablemente en desacuerdo y permanecer en ese estado de manera indefinida.

A pesar de esto, la tarea no es en vano ya que al menos nos permitirá tender puentes entre las distintas posturas y se conocerán mejor los argumentos. El presente reporte constituye un aporte a dicho debate colectivo dentro
de América Latina y el Caribe. Debido al enfoque de la investigación, el informe trata con la realidad de cuatro países de la región: Argentina, Brasil, Costa Rica y Panamá. Para ello, contamos con la colaboración de tres
prestigiosas organizaciones: Coding Rights, Sulá Batsú e IPANDETEC.

El documento aborda el discurso de odio desde dos puntos de vista: La primera es la perspectiva jurídica. A través de un análisis comparativo se busca comprender los conceptos utilizados y los requisitos exigidos
por la legislación de los países estudiados para considerar una expresión como discurso de odio. La diversidad de instrumentos internacionales de derechos humanos junto con los marcos normativos de cada nación nos
servirá como materiales para detectar semejanzas y diferencias en la manera en que el discurso de odio es conceptualizado. La segunda perspectiva es social. Aquí, se presenta la sistematización de testimonios -vinculados a agresiones sufridas en internet- provistos por mujeres activistas e integrantes de la comunidad lésbica. A través de entrevistas, las participantes pudieron relatar casos personales y colectivos, tanto como reflexionar sobre las experiencias en línea.

Al igual que con el punto de vista jurídico, los testimonios de las entrevistadas nos brindan la oportunidad de profundizar en lo común y lo diferente de cada vivencia. Además de la comparación al interior de cada perspectiva -jurídica y social-, se buscó establecer un diálogo entre ambos abordajes. El intercambio nos permite observar las relaciones entre el discurso de odio como práctica cristalizada en una norma jurídica y como vivencia.

La meta es colaborar en la tarea de buscar consensos para construir una caracterización del fenómeno de “discurso de odio” que cumpla los siguientes objetivos:
• que ayude a la orientación de un suceso que demanda especificidad para evitar discrecionalidades.
• otorgue mayor certeza jurídica a quienes están encargados de su aplicación.
• tenga la mayor legitimidad posible en términos de sectores representados.

Resulta evidente que este informe por sí mismo no agota la totalidad de la tarea. Pero al menos, esperamos que este contribuya a la búsqueda de una solución colectiva a un problema que requiere abordajes integrales.

Tomado de el informe Más que palabras: buscando consensos para caracterizar el discurso de odio Disponible en: https://adc.org.ar/wp-content/uploads/2020/06/ADC-Informe-M%C3%A1s-que-palabras-06-2020.pdf

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