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La UNAM y lo que seguimos añorando

 

Una pregunta que todos nos hacemos después de mirar las imágenes de actos vandálicos y cobardes de un grupo de porros hacia estudiantes del CCH Azcapotzalco, del pasado  3 de septiembre, que llevaban a cabo una reunión pacífica frente a la Rectoría, es dónde estaba la autoridad para inhibir la barbarie y proteger a los jóvenes. El simbolismo es evidente, las agresiones se llevaron a cabo en las propias puertas de la Rectoría de la Universidad y nadie pudo (quiso) actuar para defender a los estudiantes y el espacio universitario. El lugar donde las principales autoridades de la máxima casa de estudios despachan y dirigen el futuro de los universitarios fue objeto de un acto monstruoso. Repito, las imágenes son arteras y nos llenan de rabia, mientras los jóvenes universitarios eran lastimados, los medios de comunicación registraban los actos horrendos y los delincuentes con el rostro descubierto, con todo la fuerza que brinda la impunidad, con toda la brutalidad que otorga el cinismo, vapuleaban a los jóvenes , que corrían sin dirección para protegerse.  Se echó de menos la vigilancia de la propia universidad y las autoridades de la Ciudad de México. Sin embargo, una ola de indignación se desató de forma natural que desembocó, miércoles 5, en una nutrida marcha de estudiantes, con aproximadamente 30 000 jóvenes de diversas escuelas, que hicieron rugir la indignación que evidencia la violencia cotidiana a la que ha sido sujeta la UNAM.

Mirando de forma apresurada se pueden advertir algunas aspectos dignos de comentario. El saldo no es halagüeño:  4 estudiantes heridos del Colegio de Ciencias y Humanidades y la Universidad Nacional mancillada. Me parece que el abanico de autoridades, desde las universitarias hasta las locales y federales, han minimizado la herida abierta que deja el ataque de los porros; mientras los estudiantes han continuado organizándose para exigir legítimamente la detención de los delincuentes, las respuestas institucionales han dejado un tufo de negligencia. A pesar de la amplia información disponible, videos, testimonios de estudiantes agraviados, nada ha pasado.  Que no existió flagrancia, que no hay denuncias, que no se puede hacer algo por la ley,  y muchas otras explicaciones legales para no contar con ningún detenido. En conclusión, los porros probaron con contundencia un aspecto de la justicia mexicana. Nuestras autoridades pueden explicar profesoralmente los hechos, pero no encontrar responsables, ni tampoco, se pueden abrir carpetas de investigación porque no hay elementos suficientes. La ley solo para el discurso y las buenas intenciones.

Pareciera que la impunidad y la frenética inercia de los días tragarían irremediablemente, las legítimas peticiones de los afectados. Sin embargo, el caso de los porros  ha abierto una discusión sobre la Universidad Nacional y la solidaridad de los jóvenes estudiantes han sugerido nuevos caminos en la educación mexicana y los tiempos políticos de nuestro país. Frente a la violencia y omisiones de las autoridades, los jóvenes abrieron con imaginación el círculo de la violencia, en donde la fuerza avasalla cualquier atisbo de razón. Precisamente, un aspecto que sobresale de la marcha ciudadana de la semana pasada, es cómo la protesta juvenil va abonando en nuevos caminos a la acción política y ciudadana. Si la protección y la seguridad tarda en llegar, la denuncia pacífica es una de las mejores herramientas para golpear la pereza y negligencia institucional. En los últimos tiempos,  los movimientos juveniles en América Latina han abierto nuevos espacios de discusión; en Nicaragua, los jóvenes universitarios han empujado un movimiento de indignación para echar del poder al sanguinario Daniel Ortega. En Argentina, las jóvenes lograron poner en la agenda política una propuesta pro aborto y lograron insuflar vientos de cambio en los espacios políticos argentinos llenos de una ortodoxia moral que atenta contra la libertad de las mujeres.

La Universidad Nacional siempre ha sido un espacio donde han resonado los vientos de cambio de México. Incluso, del sistema medio superior, de las nueve preparatorias y los 5 Colegios de Ciencias y Humanidades que integran el sistema de bachillerato de la UNAM, se puede pulsar una juventud, que muchas veces ha sido considerada objeto de tutela, y en muchos casos, criminalizada. ¿Cuál es el saldo? Muchos planteles de la UNAM estuvieron en paro temporal de 48 horas en solidaridad con sus compañeros de Azcapotzalco. Mientras la burocracia ha sido lenta, en sus trámites de intereses y tiempos, los reclamos juveniles han sido contundentes y lapidarios. Es paradójico advertir como los medios de comunicación han registrado un buen número de voces de las autoridades, que tratan de remediar en el discurso lo que no se ha podido solucionar en los hechos. Se advierte pues, cómo en los reclamos de los jóvenes universitarios resuenan diversas expectativas incumplidas que se vienen a sumar a la agenda de expectativas incumplidas de las juventudes mexicanas.  Por mencionar algunos, desde Ayotzinapa hasta la indignación de los jóvenes universitarios en Guadalajara, reclamando a las autoridades justicia por la muerte de los estudiantes de la escuela de cine, se puede concebir una juventud que exige una seguridad y justicia efectivas.

Volviendo al miércoles 5 de septiembre; la marcha pacífica de los estudiantes fue categórica y llena de peticiones, pero también fue rebosante de ingenio y frescura para señalar una geografía pendiente de derechos y de olvido institucional que es compartida en América Latina. En los últimos tiempos, los jóvenes latinoamericanos han planteado nuevos tiempos a la acción gubernamental y en el acceso efectivo a procesos de democratización y ejercicio de derechos. En México, los jóvenes universitarios siguen el relente del cambio social obligado; a través de la organización pacífica se debe denunciar lo que no funciona y exigir una cuestión, que los derechos no sean privilegios y que las responsabilidades  institucionales  sean exigidas a las autoridades. Esto es lo que todos seguimos añorando y que la marcha juvenil en la Universidad Nacional se ha atrevido a denunciar.

(IMAGEN. REVISTA PROCESO, # 2184, 9 SEPTIEMBRE 2018)

Mario Cruz Martínez

Consejero Académico/Cenejyd 

Tomado de https://pretextosmariocruzmartinez.wordpress.com/2018/09/11/la-unam-y-lo-que-seguimos-anorando/

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