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El derecho al agua y los orígenes de la discusión

En lo últimos años se ha debatido el derecho al agua como un derecho humano y se han planteado diversos debates. En este sentido, el libro escrito por Luisa Fernanda Tello Moreno titulado ‘La Justiciabilidad del derecho al agua’[1] ayuda a comprender el paradigma jurídico internacional y nacional. Aquí algunas cuestiones. La perspectiva del derecho al agua como un derecho humano es relativamente nueva. En un principio, en los instrumentos internacionales no se consideró necesario enunciarlo porque se consideraba que estaba implícito este derecho. Por ejemplo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 se reconoce que toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado por lo que necesariamente se deriva en un acceso al agua para poder subsistir. Después, el derecho al agua se tomó en cuenta en la Conferencia Internacional sobre recursos hídricos en 1977 (treinta años después de la Declaración Universal) y como resultado se estableció la necesidad de evaluar cuál es la situación de este recurso natural en todos los países, y así establecer medidas para asegurarlo a las poblaciones.

Gracias al reconocimiento dado a garantizar un acceso al agua como derecho humano, se logró a través de la participación del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (quien a su vez tiene el trabajo de vigilar la aplicación del  Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de los Estados que lo han ratificado) la interpretación de los artículos  11 y 12 del citado Pacto plasmando su contenido en la Observación General No. 15 “El Derecho al Agua” (OG15); en ésta se desmenuzan cuáles son los elementos del agua y lo que deben realizar los Estados para garantizar su cumplimiento. Asimismo, establece que el agua es un recurso natural indispensable para el goce de otros derechos humanos. Es un instrumento único respecto al contenido normativo del derecho al agua además de que involucró a otros órganos de Naciones Unidas.

Además, la Observación General considera ciertos elementos que deben ser adecuados a la ciudadanía, tales como disponibilidad, calidad, accesibilidad, accesibilidad económica, no discriminación y acceso a la información; asimismo este recurso debe ser garantizado en periodos de escasez a poblaciones mayormente marginadas. Por otra parte, es importante destacar que la OG15 comprende el acceso a los servicios de saneamiento por lo que si los Estados no lo garantizan significa que no se están adecuando las medidas necesarias para garantizar el derecho al agua.

El Comité estipuló que los Estados deben proveer todas las medidas apropiadas para cumplir con las obligaciones derivadas del  Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, aun cuando deban hacer modificaciones legislativas o crear nuevas políticas públicas con el fin de que no se obstaculicen los derechos humanos y abarque en todos los aspectos un acceso al agua. En caso de violación a las víctimas, éstas tendrán derecho a recursos judiciales en los planos nacional e internacional. Por ejemplo, indemnización, restitución y la defensoría de los derechos humanos de organismos no jurisdiccionales para conocer de las posibles violaciones a este derecho.

Considero importante mencionar el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y la Observación General que emite su Comité por ser uno de los primeros instrumentos internacionales en reconocer la individualidad del derecho al agua como derecho humano. Al día de hoy, los gobiernos del mundo tienen la obligación de proveer este valioso recurso, sin embargo, a pesar de que en varios países de diversos continentes se goza de un acceso adecuado esto aún no se homogeneiza en todo el mundo; lo anterior es más un problema de gobernanza que de disponibilidad de este recurso.

Muchos ciudadanos nos encontramos en una situación privilegiada al abrir el grifo y poder encontrar un líquido que fluye continuamente para lavarnos las manos, lavar la ropa, los trastes, etcétera y poder encontrar agua para beber y cocinar nos otorga tranquilidad. Pero no podemos pasar por alto que ese bienestar no lo tienen todos los ciudadanos del mundo; por ello es necesario replantearnos nuestros hábitos de consumo en cuanto a agua se refiere y cuánto la desperdiciamos y cómo la utilizamos. La conciencia sobre el recurso hídrico es tan importante como lo fue el debate para considerar el acceso al agua y saneamiento como un derecho humano. No nos limitemos únicamente a consumirlo, sino a cuidarlo, ya que es una de las herencias que se le darán a las futuras generaciones.

 

[1] Para más información véase el libro Luisa Fernanda Tello Moreno. (2016). La justiciabilidad del derecho al agua en México. Ciudad de México: Comisión Nacional de los Derechos Humanos.  85pp

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