CIDH alerta aumento de violencia contra mujeres periodistas

Entre 2012 y 2016, el 7 % del total de periodistas asesinados por su oficio en el mundo fueron mujeres; en 2017, esa cifra se elevó a más del doble, 19 %. Esta es solo una forma de violencia, la más extrema, pero hay un aumento generalizado de agresiones contra mujeres periodistas, advierte un informe de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

El reporte recuerda que en México se documentaron cinco homicidios relacionados con su trabajo en medios de comunicación en los últimos seis años: la reportera Regina Martínez en Veracruz, el 28 de abril de 2012; Irasema Becerra, administrativa de un periódico también de Veracruz, junto con tres fotógrafos, el 3 de mayo de 2012; la tuitera María del Rosario Fuentes Rubio, @Miut3, en octubre de 2014; Miroslava Breach, en Chihuahua, el 3 de marzo de 2017; y Leslie Ann Pamela Montenegro del Real, en Acapulco, el 5 de febrero de 2018.

Pero el asesinato, señala la CIDH, es solo la punta del iceberg. En una encuesta hecha en 2017 por la Federación Internacional de Periodistas (FIP) entre casi 400 periodistas de 50 países, 48 % de mujeres dijeron haber sufrido alguna forma de violencia de género en su trabajo.

Entre lo más común, reconocido por 63 % de comunicadoras, está el maltrato verbal, seguido de maltrato psicológico en 41 % de los casos, explotación económica en 21 % y violencia física en 11 %. Estas formas de violencia son ejercidas tanto por personas fuera del lugar de trabajo, como fuentes de información, políticos, o público de los medios, como por los jefes o superiores en las redacciones.

Otra de las mayores violencias que sufren las periodistas es el acoso y violencia sexuales, “que van de los comentarios o gestos no deseados, las bromas y el contacto físico breve, hasta la agresión sexual”, subraya la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión.

Un estudio global de la organización International Women’s Media Foundation, realizado entre 2017 y 2018 con 597 mujeres, reveló que el 63 % ha sido amenazada o acosada en línea, el 58 % en persona y en 26 % de casos llegó más allá y la periodista sufrió ataques físicos.

Algunas investigaciones locales en países latinoamericanos comprueban esta realidad. En El Salvador, una encuesta descubrió que 96 % ha vivido acoso sexual dentro de sus medios y 100 % al estar en calle, principalmente de parte de cuerpos de seguridad como Policía y Fuerza Armada, o incluso de diputados y funcionarios. En Brasil, 75 % reconoce que se ha sentido incómoda por recibir comentarios sobre su ropa o cuerpo durante su trabajo. Mientras que en países como México y Paraguay ha habido reclamos públicos por el acoso a mujeres que cubren encuentros deportivos.

La investigación global que hizo la Federación Internacional de Periodistas también reveló que 44 % de las mujeres periodistas ha sufrido ciberacoso por su trabajo y su sexo. La CIDH advierte que es claro que los hombres no están igual de expuestos a este tipo de hostigamiento, en el que hay un notorio incremento.

“Los ataques en línea que tienen como objetivo a las mujeres periodistas adquieren características específicas relacionadas con el género, y son generalmente de naturaleza misógina y de contenido sexualizado. Este tipo de violencia conduce a la autocensura y es un ataque directo contra la visibilidad de las mujeres y su plena participación en la vida pública”, denuncia.

La ONU ha documentado como las formas más comunes de este acoso el monitoreo y acecho en línea de las comunicadoras, publicación de sus datos personales, troleo, descalificación y odio viral. Incluso algunas organizaciones civiles han denunciado espionaje electrónico contra periodistas o defensoras de derechos humanos orientado a controlar o extorsionar a mujeres que desafían el statu quo.

El acoso digital también aumenta dependiendo de si la mujer cubre temas que tradicionalmente se asociaban a periodistas hombres, señala la Relatoría, como política, judiciales o deportes, y si son temas vinculados con derechos de género o de la comunidad LGBTTI.

“La violencia en línea tiene un efecto inhibitorio en el ejercicio de la libertad de expresión. En particular, si bien hay innumerables mujeres periodistas que deciden continuar publicando información frente a la violencia, amenazas o acoso, otras recurren a la autocensura, cierran sus cuentas digitales, o abandonan la profesión. A juicio del Secretario General de Naciones Unidas, los ataques también pueden tener un efecto disuasorio sobre otras mujeres periodistas. El efecto es la falta de perspectivas y voces femeninas en los medios de comunicación en relación con una amplia gama de cuestiones, lo que tiene consecuencias graves para la libertad y la pluralidad en los medios de comunicación. Esta exclusión afianza la discriminación y la desigualdad”, denuncia el informe.

Pero uno de los problemas, advierte, es que los intermediarios en internet, es decir, quienes proveen los servicios de blogs, redes o búsqueda, no han hecho nada por resolver el acoso digital contra las mujeres porque no ofrecen mecanismos de denuncia confiables, fáciles de usar ni transparentes, ya que no está claro quién toma la decisión o cómo están configurados los algoritmos para determinar que algo viola las normas de ese sistema.

Además de la violencia directa, la CIDH hace énfasis en que las mujeres siguen sufriendo discriminación en el periodismo, como trabajadoras y como protagonistas de noticias. Reconoce que aún hay muchos contextos en los que persiste la percepción de que el periodismo no es una profesión apropiada para las mujeres, y eso crea una presión social para que no entren a ella o la abandonen.

En un análisis hecho en 2015, se detectó que en América Latina, el 43 % de quienes presentaban o reportaban noticias eran mujeres. Pero no es una presencia promedio, sino que depende del tipo de noticias.

“Las mujeres están sobrerrepresentadas entre quienes reportan noticias que abarcan temas tradicionalmente asociados al ámbito de lo ‘femenino’ y subrepresentadas en la cobertura de temáticas consideradas destacadas, como aquellas vinculadas a política y gobierno o economía. (…) Este patrón puede contribuir a que el trabajo de las mujeres periodistas sea menos visible y menos valorado, lo que puede traducirse en una brecha salarial con respecto a sus colegas varones y el acceso a menores protecciones contractuales”, señala.

Y si de directivas se trata, no llega ni al 25 % la presencia femenina en los puestos más altos de los medios de información.

También se ve una discriminación contra las mujeres en su aparición en las informaciones, agrega la relatoría. Peor si se trata de afrodescendientes o indígenas, ya que son objeto de “folklorización” y “exotización” que perpetúan estereotipos, o son presentadas como víctimas, en lugar de reconocer sus luchas y logros.

“Las mujeres constituyen únicamente el 29 % de las personas sobre las cuales se lee, se ve o se escucha en las noticias tanto de los medios tradicionales (prensa escrita, televisión y radio) como de los medios en línea en América Latina”, apunta el estudio.

Paradójicamente, en 2015, cuando Latinoamérica era la región del mundo con más líderes femeninas en puestos políticos de alto nivel, las mujeres fueron solo el 25 % de las personas que aparecían en noticias sobre temas políticos y económicos.

  • Falta de denuncias

El informe lamenta que a pesar de las distintas agresiones que sufren las mujeres en los medios, incluso Naciones Unidas ha advertido que la mayoría no denuncia ni hacen pública la violencia que vive. Muchas veces porque suelen recibir maltrato en su camino por visibilizar el problema, o porque no confían en las instancias judiciales, además de que no hay medidas efectivas de protección, no se le da la gravedad debida a las agresiones, y lo que prevalece es la impunidad.

“En el caso de las mujeres periodistas y las trabajadoras de medios de comunicación, la decisión de no denunciar estos actos también está influida por el temor a las consecuencias que la denuncia puede acarrear para el ejercicio de su profesión (i.e. estigmatización, pérdida del trabajo, aislamiento, etc.) y el temor a acciones de represalia por parte del agresor”, advierte.

Por eso, el documento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hace una serie de recomendaciones a los países, para que analicen medidas legales para prevenir la violencia contra mujeres periodistas, castigarla y protegerlas.

A los propios medios de comunicación les pide condenar públicamente la violencia y discriminación contra ellas, así como concienciar contra los estereotipos de género. Internamente, recomienda tomar medidas para evitar el acoso, adoptar códigos de conducta profesionales que incluyan perspectiva de género, y propiciar la igualdad dentro de las redacciones.

Y a las plataformas en línea les sugiere crear mecanismos transparentes y eficaces para denunciar el hostigamiento y contribuir en la prevención de la violencia en línea contra las mujeres periodistas.

Tomado de Animal Político

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