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Camila y los siete pecados de la Ciudad de México

2018 terminó con una herida terrible a la dignidad y seguridad de los niños en México e iluminó el terrible perfil de la violencia con la que viven los habitantes en la zona metropolitana de la Ciudad de México. El 24 de diciembre, Camila, una niña de 9 años desapareció y fue hallada días después,estrangulada y violada en una lúgubre casa de Valle de Chalco. Según los padres, la niña se encontraba jugando y simplemente desapareció. En otra región cercana, en la Alcaldía de Iztapalapa, el 28 de diciembre, 7 niños murieron quemados y asfixiados por un incendio iniciado en condiciones extrañas pero claramente vinculadas a la negligencia de sus padres. Según los reportes oficiales, la muerte de los 7 niños fue originada, en un primer momento, por una chispa externa que se extendió en la miserable casa construida con láminas y posteriormente, en los
primeros días de enero, se señaló que las causas fueron un mero accidente y que no había responsables directos. Si acaso, la tragedia se podía explicar por un accidente, e incluso por la galopante pobreza que agobia la región de Santa Cruz Meyehualco en Iztapalapa. Dos fatídicas coincidencias. Valle de Chalco, uno de los municipios del Estado de México con doble alerta de género y uno de los más lastimados por la violencia y pobreza. Iztapala, una de las zonas más desprotegidas por el bienestar de la Ciudad de México (CDMX).

A pesar de discursos, de programas sociales, ninguna expiación será capaz de trascender los pecados del sistema institucional en el Estado de México y en la CDMX. En el pasado reciente en el Estado de México, en Nezahualcoyotl para ser más exactos, el asesinato en 2017 de la niña Valeria de 11 años en el transporte público, causó una enorme indignación por la violencia y la forma de la muerte. El supuesto agresor fue detenido y bajo condiciones muy extrañas, “murió” en detención antes de ser juzgado; las autoridades cerraron el caso.

Las muertes de niñas y niños en el Oriente de la Ciudad, debieran empujar un debate profundo sobre la pobreza y violencia del Valle de México. Es evidente que en México las tragedias son pan nuestro de cada día y que nada hará cambiar el terrible panorama. Todos saben, que Iztapalapa y Valle de Chalco son zonas marginadas de muchos de los índices de bienestar y respeto efectivo de derechos; pero justo surgen interrogantes evidentes. Porqué siguen repitiéndose tragedias y porqué estas regiones, junto con otras más en el país, siguen entregando los muertos a la ofrenda de la pereza institucional del Estado Mexicano.

La historia aún no termina. A principios de enero, la Procuradora capitalina Ernestina Godoy, señaló que no se criminalizaría la pobreza y por ello no habría detenciones de los padres en el caso de los 7 niños fallecidos. Por otra parte, el fiscal del Estado de México, Alejandro Gómez también informó que ya se tiene detenido al presunto violador de Camila. Me parece que en todas las situaciones, la narrativa mediática buscó señalar culpables evidentes, y en algunos casos subsanar responsabilidades de las autoridades. No se fue más allá, solo se buscaron calmar los ánimos. En la muerte de Camila, se buscó solo subrayar el delito y el asesino; no se ha ido más a la médula del problema, violencia sistemática contra las niñas y las mujeres en Chalco. En la muerte de los 7 niños en Iztapalapa se pretende endilgar la responsabilidad absoluta a la pobreza extrema de los padres de los niños. Los pecados en México seguirán cobrando la vida de inocentes.

 

Publicado originalmente en: https://pretextosmariocruzmartinez.wordpress.com

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